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Juan M. Fernández/Ciudad Juárez, México/jmfernandezchico@gmail.com

8th April 2010

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Nuestras mañas de cada día.

A lo largo de la vida uno se va haciendo de mañas que, para ser preciso, son acciones y frases que funcionaron en su momento para obtener cierto resultado, y que ahora forman parte de, incluso, nuestra misma personalidad. Se van recolectando de otras personas, o se inventan en el momento crítico, o se sacan de las películas. Se adquieren casi como ir de compras al supermercado o como si estuvieran colgadas en algún sitio en Internet para ponerles download.

Y son tantas, que incluso perdemos la cuenta y conciencia de ellas. Surgen solas, y apenas y nos damos cuenta que una maña ha nacido. Tenemos mañas para comer, para dormir, para hacer el amor, para trabajar, leer y escribir. Mañas para seguir viviendo y para dejarse morir. A veces son tan imperceptibles, que, sin darnos cuenta, ya están adornando nuestra pared o se han convertido en un anillo de compromiso en nuestra mano.

Pero, vamos, no deberíamos estar asustados. Lo hemos hecho a lo largo de los años. Incluso tenemos libros sobre otras mañas, convenciones y congresos, encuentros entre personas que nos le dan pena sus mañas y otras que se dieron cuenta que esa maña en especial era dañina y han decidido acabar con ella públicamente. La televisión está llena de ella. La gente se interesa por las mañas de los famosos, o hace famosos a otros por sus extrañas mañas. En la radio hay música que narra mañas fantásticas, o no es inusual ver a un conductor preguntando a su invitado especial: “¿y cómo le hacer para componer?” o “¿por qué no nos hablas de tu vida amorosa?”.

Cosa que no nos justifica y ni nos exenta. Tal vez un día la cámara de una televisora nos captura en un momento comprometedor en donde nuestra maña mal habida hace presencia y nos convertimos en esa maña, y cuando vamos por la calle, la gente nos reconoce por eso que un día hicimos. Pero tampoco no debe asustar esto, porque todos tenemos alguna mañana como para salir en televisión, sólo que los que necesitan percatarse, no lo han hecho.

Por ejemplo yo, soy capaz de reconocer una que otra mañana, que, finalmente, son esas cosas que hice un día y me funcionaron. Cuando me despido de la mujer que me gusta, volteo un poco el rostro hacia el de ella hasta que nuestras bocas se encuentren. La maña consiste, en además del movimiento, en justificar en caso de una negativa que era parte del movimiento natural de despedida, la cual siempre debe ser latente por el hecho de que a veces nuestras mañas se encuentran con otras. El punto consiste en salir victorioso, y demostrar que la nuestra es mucho más efectiva. Como un juego de ajedrez entre dos novatos, quienes tienen las mismas posibilidades de ser derrotados como de ganar. Claro que las mañas tienen su tiempo y sus procesos, así que, seguramente, hay varios allá afuera con mucha ventaja a su favor.

Pero esto no quiere decir que nuestras mañas tengan que desaparecer porque en su momento no funcionaron. La mía me ha servido unas cuantas veces, pero reconozco que en un par no dieron resultado. Pero no me preocupo demasiado, sé que el tiempo pasa, y, aunque no lo crean, ya me hice de unas cuantas mañas para soportar la caída de las otras.

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