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Juan M. Fernández/Ciudad Juárez, México/jmfernandezchico@gmail.com

8th March 2010

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¿Quién gana en los Óscar?

Para un lacaniano, me atrevo a decir, esa extraña cosa que se llama La academia, responsable de decidir a los ganadores de los Óscar, debe llevar el título del Gran Otro. Esa figura anónima que funge como uno, reunidos bajo un solo nombre, realmente es un montón de personas que buscan un consenso sobre quiénes deberían ser los triunfadores. La academia, el Gran Otro lacaniano que se mueve como un generador de imágenes y frases de microondas que buscan robar el aliento, ha marcado un camino sin precedentes en los últimos premios. El año anterior, cuando Slum dog millionaire se alzó como la gran triunfadora, y las mejores animaciones en largo y corto, que tenían como punto central el cambio climático, demostraron que el camino tomado marcaba una línea clara: el viejo mundo que La Academia representó desde su origen, parecían poco a poco a desvalijarse, difuminarse en una nueva forma de ver y percibir el cine.

Hoy, cuando pensamos en la gran ganadora de la entrega, tenemos que aceptar que fue el cine independiente. ¿Extraño? Bastante. Los encargados de crear el mayor número de imágenes cinematográficas en el mundo (no en cantidad, sino en impacto mundial) a través de su coincidencia geográfica, Hollywood, y que, además, marginaba muchas cintas que no entraban en su lógica, ya no parece estar muy de acuerdo con las viejas líneas. ¿Representa Avatar ese viejo mundo que desde hace unos cuantos años ya no cuadra con las decisiones de La academia? El director de Titanic no pudo con la película de su ex esposa, Kathryn Bigelow, la cual se produjo sin la ayuda de los grandes estudios hollywoodenses y que, de manera mucho más seria (no como Avatar), busca regresar a la realidad una guerra que se sale de las manos de quienes la iniciaron. Con un presupuesto menor, una muy reservada distribución y una proyección irrisoria comparada con las cintas con las que compartió varias de las categorías, ganó los dos grandes premios de la noche: mejor película y mejor dirección (nunca, en la historia de los Oscars, se había nominado a una mujer y a un afroamericano en la categoría de mejor dirección, como lo fueron las elecciones presidenciales en Estados Unidos, con Obama y Clinton, aunque ahí ganó el afroamericano, síntoma de que La academia no es el reflejo de la sociedad estadounidense, sino una oportunista).

La sorpresa fue Precious, apadrinada por Oprah Winfrey, en donde nos encontramos con una mujer que sufre de dos violaciones de su padre, maltratos de su madre, es prácticamente analfabeta y está infectada de VIH, la cual no brilla en genialidad, pero, como en los últimos premios, se le convierte en la cinta que le regresa la vida, la sensibilidad y la frescura, a unos premios que siempre se han caracterizado por su frialdad. La diferencia es que, como fue The little miss sunshine o Juno, Precious se lleva el mejor guión y mejor actriz de reparto, además de las nominaciones a mejor actriz y mejor película.

¿Estamos ante otro sentido crítico en el cine de Hollywood? Ya he dicho esto antes, lo cual me hace sentir un poco profético, pero no creo. Hay un cambio de actitud, sin duda. Se levanta la vista a otras cintas, otros enfoques, otras voces. Pero La academia sabe lo que hace. Tal vez en unos años, las grandes producciones que hoy perdieron de manera categórica, volverán a ser tan exóticas y cautivadoras como ahora lo son las ganadoras, para luego apoderarse de los festivales independientes, y poco a poco vayan obteniendo de nuevo su lugar en la lista de ganadores. Por lo pronto, el mundo del cine representado en los Óscar ya tiene a su primera directora premiada, la ha concedido a películas de muy bajo presupuesto premios importantes, y, principalmente, le dijo no a la cinta más cara de todos los tiempos del cine. Pero no hay que sentirse tan confiado, el mundo cambia, y eso nadie lo detiene.

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