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Juan M. Fernández/Ciudad Juárez, México/jmfernandezchico@gmail.com

16th February 2010

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Pienso, luego soy un cliché.

¿Por qué los clichés son tan injustos? Si necesitara saber lo que realmente me acomoda para ser mejor persona, tendría que buscarlo en una revista de modas y no en un libro de Schopenhauer. Como los que me dicen que tengo cara de fumador, o de ser muy serio (y es que la verdad no fumo, y eso de serio no lo entiendo, porque normalmente soy muy mal hablado y huraño).

El problema con estos clichés es cuando se convierten en generadores de problemáticas mayores. Y cuando digo mayores, me refiero a instancias que sobrepasan las paredes de mi casa. Cuando el cliché de las automóviles grandes que gastan más combustible, o el del consumo de productos asiáticos con marcas europeas afectan las relaciones internacionales laborales o el medio ambiente.

Los clichés nos hacen y nos deshacen en muchas cosas. Nos llevan tranquilamente a un lugar que no existe, creando la ilusión de que todo es un bello mundo de fantasía. Que comer en McDonalds es especialmente único, y tener ese teléfono es algo que estaba esperando por años, aunque tiene sólo unos cuantos meses de imponerse la moda. Nos provocan una necesidad que no tiene lógica en lo más esencial. Se pudo vivir tanto tiempo sin eso, y ahora parece que ese pequeño engrane tecnológico, por ejemplo, el mundo se caerá en pedazos. ¿Quién los controla? Simples casualidades humanas que tiene la peculiaridad de ser tomadas en cúpulas de poder.

Los clichés no dicen mucho de nosotros. Dicen mucho de lo que es el mundo y que, por consecuencia, somos también. Definen algo en general, un cajón, por ejemplo, en el que nosotros después caeremos. No es que las drogas sean geniales, sino que el mundo que construyen parece serlo. Estar o no en el mundo da igual. ¿Es una sensación diferente? Morir también, y no por eso los ves en suicidios colectivos.

El punto al que quiero llegar no es que un día acabemos esos clichés con los que George Bataille buscó acabar por tanto años, sino entender que, finalmente, los clichés son posturas que no definen lo que realmente somos (en el sentido de Parménides, en donde finalmente somos un ser al que le entra y sale información), y que, en todo caso, busquemos reducirlos lo más que se puedan. Finalmente esa búsqueda de Bataille también fue un simple cliché.

No quiero que me defina una revista de modas, ni un periódico de papel reciclado de personas que no se bañan. Sé que tal vez no me quede de otra más que creer en las galletas chinas y leer una que otra vez mi horóscopo, ¿pero qué tanto problema le causo al mundo con esos clichés ridículos? Tal vez es hora de ponerlos en una balanza, sin miedo a que otros tanto clichés contestatarios nos critiquen por derechistas.

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