No soy una buena persona. A veces me da tristeza, pero es verdad. No me llevo bien con mucha gente, y sé que soy yo. No suelo culpar al otro porque no existe química. Si me gusta una mujer, normalmente termino peleándome con ella. Discuto demasiado sobre cualquier cosa. Religión, política, sociología, filosofía, cine. No me quedo callado nunca. No sé cómo echarme para atrás en una discusión. Siempre busco tener la última palabra. Y hay muchas personas que no les gusta eso, como yo. Soy muy radical. Cuando digo no, es no, y será no hasta que me muera. Si digo sí, es sí, hasta que me muera. Puedo dejar de hacer algo que normalmente hacía mucho de un día para otro. Puedo dejar de amar a alguien como si cambiara un disco en mi corazón, como quitarme los calcetines. Mi vida, como dijo un amigo, Howard Campbell, es lágrimas y risas. Eso soy yo: un proceso dialéctico entre lágrimas y risas. Pero en resumen: no soy una buena persona. No me busquen, no pregunten por mí, no digan, si me ven en la calla: “mira, ese se ve un buen tipo”, porque estaría cayendo en un horrible error. De hecho, deberían de escapar de mí, lo antes posible; si les llamo por teléfono, ignórenme, dejen que suene, suelo llamar sólo una vez; si me ven algún lugar, pueden sacarme la vuelta para no saludar (no se preocupen, yo normalmente hago lo mismo, así nos evitamos el problema los dos); si los agrego en Facebook, les dejo un mensaje o mando un correo, digan que no y bórrenlo. Si algún día les digo “creo que me gustas, te amo, ¿quieres ser mi novia?” O estoy mintiendo o es que les valió todo lo que les he dicho ahorita, y han tocada lo más profundo de mi corazón. Pero no son afortunadas, no crean, al contrario, están en la lista de mis amores imposibles, de mis objetivos fallidos. Así que digan no, y cuéntenselo a quien más confianza le tengan. Pero no se preocupen por mí, yo estaré bien, me sé cuidar, tal vez no solo, pero bien acompañado. No les preocupe si me duele que me rompan el corazón (incluso, no lo usen como estrategia), nunca digan: “es que, no sé, me da cosa decirle, que tal si le rompo el corazón”. Esas cosas no pasan. Les digo, soy una mala persona. O, mejor dicho, no soy una buena persona. Y esas cosas no le pasan a los que no son buenos.