Desperté y me dolía la cabeza. Por la ventana, el reloj matutino de las nueve en forma de luz. Había bailado algo de Twisted Sister y cantado a José José. Me subí a una reja para sostener la piñata, hablé por teléfono utilizando como auricular una antena en la azotea. Conté chistes e hice trucos de magia. Y más de la mitad de esas cosas no las recuerdo bien. Sé que tomé muchos mojitos, más de lo que debía, que tomé una bebida alemana y dos cervezas mexicanas. Que gané un premio con Beto, y no le dejaba de dar besos. Que pasaba y le agarraba las nalgas a Alex. Que hice una coreografía de Michael Jackson.
En fin.
La vida es un instante, y cuando estás ebrio, y no tienes cuidado, ese instante pasa como una experiencia maravillosa, pero sin registro alguno en tu cabeza.