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Juan M. Fernández/Ciudad Juárez, México/jmfernandezchico@gmail.com

5th December 2009

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And the only thing we are doing is dreaming.

Cuando pienso en la frontera, lo hago desde muchas figuraciones. La pienso y no, o más bien, no quiero pensarla. La pienso porque vivo cerca de ella, o porque soy en ella. No sé. Vivo en Ciudad Juárez, que colinda con El Paso, Texas, pero que además es su frontera. ¿Por qué la frontera? Mentira que somos ciudades gemelas. Mentira lo que dicen los pochos gringoides que la frontera es una zona en común, una tercera nación, un lugar-no-sé-qué en donde conviven dos sociedades que han aprendido a vivir de manera en común. Nada más acertado que lo dicho por Carlos González Herrera: la frontera es la marca, la huella, de que algo ha salido terriblemente mal.

Mire, usted, lectora y lectora, le voy a platicar algo. Un día estábamos con un amigo en El Paso, salimos en la noche a un lugar cerca del centro. Desde la lejanía veíamos a bellas mujeres caminando hacia donde estábamos nosotros, es decir, donde estaban todos. Era impresionante. Como una película hollywoodense en donde una triada de hombres arriban a Las Vegas, solteros, sin dinero, y llenos de cosas. El amigo era Alex. El buen Alex. No llevábamos coche, así que optamos en irnos caminando a la avenida Juárez para ver si nos encontrábamos a alguien que nos diera un ride, cruzamos el puente, pagamos la tarifa emocional y monetaria, y ese glamour que nos encontramos de un lado, fue aniquilado abruptamente por el otro. Era como ir a Marte o a un lugar peor. ¿Cuál tercera nación ni que chingados? Era como saborear efímeramente el cielo sabiendo que tu lugar es el infierno. Así de simple. Pobres los gabachitos, que normalmente son los gabachitos, que creen que la frontera entre Juárez y El Paso es ese lugar híbrido del que escribieron los postcolonialistas y tanto idealizaron los chicanos de los sesentas. No, joder, pero no. Escucho a gente en Juárez que está dispuesta a vender su nacionalidad por la gringa, nuestro presidente municipal vive en El Paso y eso sólo me hace sentir vergüenza y asco. Y, claro, llegan los gabachitos pedorros a vendernos el cuento. Ya tenemos suficiente con los de este lado para que todavía venga de allá. ¿Tercera nación por la doña que vende su mano de trabajo en El Paso añorando un permiso que nunca llegará? ¿Un lugar de matices culturales propios porque el dueño de las escuelas Cultural vive allá? ¿Una identidad refinada y en común porque una niña popis estudia en UTEP y vive en Juárez?

Fuck, man. This city is going directly to the hell, and the only thing we can do is dream.

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